Qué hambre tengo

Creo que es la frase que más he repetido esta semana. Uf, estoy comiendo más verduras que nunca. Ayer mi merienda consistió en palitos de zanahoria. Al menos me entretienen, porque lo que es llenar el agujero que tengo en el estómago, como que no. Claro, es que mi estómago tiene que acostumbrarse a que llenarse hasta los topes no es lo mejor, y menos de comidas grasientas (ay... la fabada litoral, con su choricito...). Vamos, que de aquí a un mes tengo cara de lechuga o de acelga.

Que sí, que esto es sanísimo, pero que como me pongan una tortilla de patatas delante que se aparten todos, porque no pienso hacer prisioneros.

Ayer me acordé de algo que comí en Grecia este verano, y casi me ahogo de tanta salivación. Era un hojaldre relleno de queso feta, calentito, crujiente... y también grasiento, sí, pero estaba de morirse.

A este paso acabo soñando con comida... espero que se me pase pronto.

2 comentarios:

Retrato de Dorian Gray dijo...

La única solución es comer lo mismo y hacer deporte. No hay otra. Nunca se me ha dado demasiado bien sufrir dietas...

Lironcillo dijo...

Es que hasta ahora con el gimnasio no me ha valido, así que toca cambiar de hábitos alimentarios... que debo tener las arterias a punto de colapso. XD